La piedra en el zapato para feministas blancas

Siempre soy aquella piedra en el zapato para la blanquitud de la que hablaba Mikaelah Drullard en su libro El feminismo ya fue. Leí ese libro y recordé todas las veces que me han llamado insolente, irreverente e incluso violenta por alzar la voz en espacios académicos y profesionales de organizaciones sin fines de lucro autoproclamadas interseccionales aquí en España. Como mujer negra, hetero-disidente y migrante ese libro me hizo ver que aunque nuestros cuerpos, a los cuales se les cobra el coste caro del ostracismo por poner incómoda a la blanquitud, podemos encontrar una esperanza en poner el cuerpo en el frente de las opresiones pasivo-agresivas.  

 

Estuve dando unos talleres de antirracismo en una escuela para adolescentes en Sevilla, lugar donde he emigrado desde la periferia de la periferia; el Caribe. Al principio, mis compañeres talleristas y yo teníamos mucha preocupación por cómo se iban a tomar los estudiantes las cosas que fuéramos a enseñarles allí. Para nuestra sorpresa, los profesores y tutores fueron los que mostraron una resistencia reaccionaria. Sobre todo, a la unidad de interseccionalidad. Cabe confesar, que aunque cada vez me siento más escéptica con la interseccionalidad por su análisis fragmentado de la dominación de la que habla Yuderkys Espinoza y la apropiación blanca de ella, fue un concepto complejo que le tuvimos que enseñar a les estudiantes por ser unidades ya estaban propuestas por una ONG blanca. 

Varias profesoras se nos acercan a nosotres talleristas racializades para darnos el feedback de la unidad de interseccionalidad alegando: 

 

“ayyyy, que bien que les habéis dado ejemplos de vuestras vidas sobre las opresiones.

pero creo que el tema es muy complejo y los niños del grupo ahora tendrán más razones para reiterarse como antifeministas. 

 

sonriendo cínicamente sigue alegando: 

“Les habéis dado más argumentos para que nos llamen feminazis.”


Esta opinión blanca-reaccionaria ha sido la misma que ha sostenido la dominación de la razon feminista eurocentrada de la que tambien hablaba Yuderkys Espinoza. Las mujeres negras y personas disidentes de género racializadas estamos hartas de que por abrir la boca nos señalen cómo las separatistas y dañinas de la causa de la situación de la mujer global centrada en las experiencias, necesidades y reivindicaciones de las mujeres blancas del norte global. Es particularmente fuerte esta experiencia en el colegio, porque curiosamente teníamos un prejuicio por edad hacia los estudiantes que recibirían la unidad de interseccionalidad de manera reaccionaria, y precisamente es como la han recibido los adultos profesores. Es una forma de mandarnos a callar con la excusa de que no sigamos siendo una piedra en el zapato. Somos y seguiremos siendo esa piedra desde tiempos ancestrales porque existimos y queremos vida.

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